En la villa 31, por Víctor Cuello

Nicolás (2)
en la villa 31
1
los pasillos
(cada uno)
nos recuerdan
las palabras
de tu oración
“señor: perdoname
por haberme acostumbrado
a ver que los chicos…”
tu oración
es una cumbia
en nuestros oídos
“viste/ hermanito/ 
los vecinos y sus corazones
son claros y limpios
como los ojos de carlos”
(dice antonio)
y oculta un charco de lluvia
abajo de su sandalia izquierda
“sí/ es verdad”
(respondo)
mi bufanda señala a un perro
2
el comedor es un patio
tiene piso de tierra
no hay sillas
los fideos están flotando
en la olla
una lágrima flota
en mi cara
3
“¡hijo de puta!”
(cuentan)
fue lo último
que dijiste
al sentir
el calor
de las balas
en tu pecho
“¡hijo de puta!/ ¡hijo de puta!”
(pienso)
mientras me dicen el nombre
de quien lo hizo
4
gambetea
corre
pasa a 1/ 2/ 4
“¡pasala/ che!”
(gritan)
“¡pasala!”
el pibe
no imagina
que hace como vos
que metías para adelante
te mandabas
(a pesar de todo)
y de frente
bien de frente
por eso
carlos
por eso
Víctor Cuello, “Pajarito”

PADRE NUESTRO DEL CHE GUEVARA

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Compartimos este poema que fue leído por la titular de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, en el Homenaje a los escritores víctimas del terrorismo de Estado “La palabra nunca”, en Tecnópolis.

PADRE NUESTRO DEL CHE GUEVARA
Padre nuestro que estás en el tiempo
sangre que corre por los ríos de América
guerrillero intacto que invoca los Andes
sueños y esperanzas que inunda
el corazón de los indios y corre por sus venas
Santificado sea tu nombre
que comparte su luz con el sol
y esparce su oscuridad de infierno sobre la serpiente del siglo veinte
esa misma serpiente que nos brinda sus manzanas
y sus transnacionales y sus bancos y sus deudas
que nos quiere imponer su comercio
y nos embarra con su mierda.

Cárganos pues en tus brazos de acero
y haz que vengamos a tu reino
para seguir viviendo como tú vives
para alzar nuestras armas y ofrendarlas al viento
llévanos en tus pupilas de fuego
en tu sonrisa de vida
y en tu garganta de vencedor inmortal.

Hágase tu voluntad así en la tierra como en la tierra
cubre este continente que amanece
resplandeciente en tus cabellos
y que busca su libertad
sin saber que ella es un pájaro
danos el pan nuestro de cada día
no el de miga y cáscara de Benedetti
sino el pan que necesitamos para alimentar
nuestras fuerzas y sueños de futuro
el valor, el de la victoria,
el que necesita Chile y le falta a América,
el que necesita Argentina.

Ni siquiera te pido que perdones nuestras deudas
porque jamás las pagaremos
pero sí ayúdanos a no perdonar
a nuestros deudores y enemigos
cabalga de nuevo sobre tu rocinante de ideas y principios
y guíanos que llegó la hora de cobrarles
y de cobrar la vida de los nuestros.

Te exijo, además,
que no nos dejes caer en la tentación
de traicionar nuestros principios
y apagar las voces de nuestras guitarras
de vender nuestra poesía
en nombre del pobre
de todos los sin trabajo
y del indio
y del espíritu santo
Che.

 

Poemas al Padre Carlos Mugica

Vanesa - Comuna 1 (4)

Cuatro poetas peronistas le escriben al Padre Carlos Mugica, el padre de los pobres. Pablo Campos, Gito Minore, Natalia Molina y Natasha Deligiannis lo apersonan en palabras, acercándose la fecha de aniversario de su muerte.

Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe, (Buenos Aires, Argentina, 7 de octubre de 1930 – 11 de mayo de 1974), fue un sacerdote y profesor argentino vinculado al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y a las luchas populares de la Argentina de las décadas de 1960 y 1970.

El apostolado de Mugica se caracterizó por su «opción preferencial por los pobres». La mayor parte de su labor comunitaria tuvo lugar en la Villa 31 de Retiro, donde fundó la parroquia Cristo Obrero.

Carlos Mugica murió asesinado a balazos, después de celebrar misa en la iglesia de San Francisco Solano, en Villa Luro,en el marco del accionar delictivo de la Triple A. 

Padre, por Pablo Campos.

Te quisieron callar

Tus palabras desnudaban mentiras

Te quisieron matar

Tu presencia visibilizaba miserias

Te quisieron desaparecer

Tu recuerdo interpela criminales

Tu pecado

Abrazarlos / tocarlos

Tu pecado

ser pueblo

tu pecado

gritar

te mataron

pero / tu grito no se detuvo

era grito en los pasillos

en las casillas,

era / es grito de humildes

grito villero.

Con humilde vergüenza

Hoy, vengo a mirarte

Vengo a tocarte / a ser pueblo

vengo a gritar con ustedes.

Barro (Al padre Mujica), por Gito Minore.

Estos héroes nuestros

tienen la nobleza del barro,

en barro están forjados,

moldeados, transformados,

transmutados.

Van al barro

porque del barro vienen,

trayendo y llevando barro,

su solubilidad,

que como ellos

y sus ideas de barro,

desarman y reinventan

en otros tantos y nuevos barros.

Son el barro sublevado de la historia,

hecha barro,

empapados y confundidos

con más barro.

El barro es su currículum,

su abolengo es de barro,

su corazón

emite latidos de barro.

Sí.

Son permeables como el barro,

se hace y se deja de hacer

con ellos tantas cosas

como el barro lo permita.

Por eso,

porque son de barro,

porque son el barro,

por más que los maten,

los suiciden, los desaparezcan,

no se mueren nunca

reaparecen y salpican

barro vida,

barro amor,

barro pueblo,

barro nuestro.

Eternamente

húmedos y fértiles

nuestros héroes

nos conforman,

nos comulgan,

nos hermanan,

en una sola y misma

tierra mojada

y próspera,

que no cubre tumba

ni olvido

nunca.

Inspiración para la lucha, por Natalia Molina.

para no sacar las patas del barro

ni de la fuente

la iglesia que arde: ilumina

la que interpreta al pueblo

como el peronismo

en el que te reconociste

por ser pueblo

con el único oro que tu corazón

fuera del lujo del vaticano

y sus caridades falsas

“la felicidad no está en las cosas de uno

sino en las cosas de los demás”

decías, y en ese decir: hacías

te acribillaron y no dejaste de nacer

Carlos Mugica

Papá villero

Papá de los humildes

Papá de los grasitas

siempre ayer, por Natasha Deligiannis.

hoy donde está tu cuerpo
guardado entre corchetes
de cemento concreto
pero vos faltás hay
[no quiero contarte]
hay
[tendrías que verlo, ¡ay!]
cientos de niños
como pájaros hay,
que juegan al tobogán
en culopatín con botellas vacías,
que prometieron
ante la virgen de caacupé
que van a ser felices, ay.

queremos tanto a mugica.
si vos supieras, padre, ¡ay!

Changuito por el Padre Franco Festa

FrancoFesta

Changuito
(poema perteneciente al libro Gritos y Silencios
del Padre Franco Festa; Montevideo, 1980)

Al amanecer
Con tu carrito
Vas
Con afán
Por las calles
De la ciudad
Changuito
En busca
De pan
Vas
A luchar
Contra el hambre
Y la sociedad
De la muerte
Vas
A buscar
Los trozos
En el basural.
Al atardecer
De la ciudad
Changuito
Vuelves con sudor
En tu carrito,
Llevando
Una flor
De papel.

“He construido un jardín…”, por DIANA BELLESSI.

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He construido un jardín como quien hace
los gestos correctos en el lugar errado.
Errado, no de error, sino de lugar otro,
como hablar con el reflejo del espejo
y no con quien se mira en él.
He construido un jardín para dialogar
allí, codo a codo en la belleza, con la siempre
muda pero activa muerte trabajando el corazón.
Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo
atisba las dos orillas, no hay nada, más
que los gestos precisos
dejarse ir para cuidarlo
y ser, el jardín.
Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte
hablando en perfecto y distanciado castellano.
Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía
que te allega, a la orilla lejana de la muerte.

Ahora la lengua puede desatarse para hablar.
Ella que nunca pudo el escalpelo del horror
provista de herramientas para hacer, maravilloso
de ominoso. Sólo digerible al ojo el terror
si la belleza lo sostiene. Mira el agujero
ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo
en el espejo frente al cual, la operatoria carece
de sentido.

Tener un jardín, es dejarse tener por él y su
eterno movimiento de partida. Flores, semillas y
plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay
poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una
tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,
mientras la sombra de su caída anuncia
en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir
sin sueño del sujeto cuando muere, mientras
la especie que lo contiene no cesa de forjarse.
El jardín exige, a su jardinera verlo morir.
Demanda su mano que recorte y modifique
la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros
bajo la noche helada. El jardín mata
y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer
gestos correctos en el lugar errado,
disuelve la ecuación, descubre páramo.
Amor reclamado en diferencia como
cielo azul oscuro contra la pena. Gota
regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas
a la orilla más lejana. I wish you
were here amor, pero sos, jardinera y no
jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero.

[MINI BIOGRAFÍA] Diana Bellessi (Zavalla, Santa Fe, Argentina, 1946) es una poeta argentina. Es, junto a autores como Arturo Carrera, Irene Gruss, Javier Adúriz, Jorge Aulicino, Daniel Freidemberg, María Teresa Andruetto o María del Carmen Colombo, una de las más valoradas representantes de la poesía argentina posterior a la Dictadura militar (1976-1983).