¿Cómo participar de la convocatoria literaria #NiUnaMenos?

¿Por qué vas a ir a la marcha a decir ? Podés responderlo con tu poema o relato. Mandalo a somospoetasperonistas@gmail.com. Lo publicamos en esta página y puede ser seleccionado para imprimirse en una serie de panfletos que serán entregados gratuitamente el día de la marcha en el Congreso.

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Laura Ugo de Vicente López nos lo contó así en este relato:

VIVIR MUERTAS

La casa impecable, inmaculada.

Llena de muñecos de cerámica lustrados con paños y cuidadosa destreza.

Era un hombre muy trabajador, decía.

Llegaba tarde a casa. Yo  tenía  la comida preparada, decía.

Se iba al bar con los muchachos, tenía que despejarse, decía

¿Y vos abuela? ¿Qué hacías?

Yo tenía mucho que hacer, decía.

Había que ocuparse de los chicos de la casa, de la ropa.

Y él iba a trabajar, lógicamente. Era un hombre muy trabajador.

También, bueno…Hacia “sus cosas” por ahí, decía.

Pero yo me ocupaba de los chicos, y el no nos hacia faltar nada.

¿Que querías ser cuando eras joven abuela? ¿Cuando todavía no lo habías conocido?

No sé, ya ni recuerdo, qué importa.

La vida es así, decía. Las mujeres hacemos lo que tenemos que hacer.

¿Quien dijo eso, abuela?

Los ojos celestes, transparentes, acuosos, perdidos en el club Platense, donde alguna vez bailo el foxtrot  con su vestido especialmente preparado para la ocasión.

Nació en la calle  Mariano Acha  y allí  también había conocido al amor de su vida. Pero eso ya era muy lejano. Se caso como Dios  mandaba, con quien la mandaron sus padres. Crío sus hijos, cosió y tejió mantas y ropa, y en cada puntada iba guardando cada uno de sus sueños, cada vez más lejanos, cada vez mas perdidos.

La casa impecable, como su vida impecable, como Dios y la sociedad mandaban.

Murió sin prisa, sin pena, con ganas. Cerró los ojos celestes que despertaban suspiros en Saavedra, con el pelo prolijo y las manos cruzadas. Como muere la gente que vivió sin arrebatos. De vieja y de triste.

Abajo en las raíces de los arboles que nos dan sus sombra, la sangre y los huesos de esas mujeres hoy son mariposas y brisas que nos alientan a ir mas allá, que nos permiten romper los muñecos de cerámica, descolgar de las paredes los sueños, ensuciar la casa con adrenalina y soltarnos el pelo para esperar a nadie, comer en la cama y dormir un día, hasta tarde. Este suelo húmedo que nos pide a gritos que gritemos, que volemos, que no dejemos que no nos permitan  pensar, que no nos dejen sentir, que nos encierren en casas de cristal para empezar a morir cada día, con muerte lenta y dolorosa mientras afuera los pájaros cantan y el sol sale todos los días.

Sumemos a la lucha a esas mujeres asesinadas por el mandato social, por sus obligaciones, por sus propios miedos.

Que hoy no quede ni una, salgan todas a buscar sus sueños, por nosotras y por ellas que nos acompañan sin juzgarnos, porque de eso ya tuvieron  demasiado.

 

Por esas tantas mujeres  que no supieron de independencia económica, de soberanía sobre sus propios cuerpos y de justicia… De justicia ni hablar.

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