El bolsillo de Kodama engordado

Partimos de una base: la experimentación creativa en la escritura, que significa un desafío, un juego entre el escritor y el lector. Pero para los jueces eso es invisible, ellos no juegan ni creen en la magia. Los magistrados que ponderan las normativas inaplicables no leen bien la poesía, no entienden de literatura. Sí saben de la letra de la ley.

Cuando el deber de defender la propiedad ante todo los llama, se ponen ciegos. Seguramente se olviden también de la emoción de haber leído El Principito cuando eran chicos. Su crimen, señores, es no cuidar a los escritores. Ustedes plagian judicialmente el mandato de que primero la mosca, después las letras.

¿El Aleph engordado o el bolsillo de Kodama engordado? Ya sabemos la elección de sus señorías.

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