Poemas de Demetrio Iramain

Cómo lloraba esa niña, cuánto

¿Quién parará esta lluvia?, se preguntaba santiguándose

la mujer que vendía paraguas en la espera del cortejo.

¿Maldecía la tormenta que la hizo

parar la olla es mañana, acaso?

Y si así fuera, ¿a cuál?

¿A la del cielo, pasada por agua, o

a esa otra, toda seca, que empezaría a caer

al día siguiente, unas horas después?

Cuando la caravana fúnebre pasó,

la señora –compañera, generosa, en perjuicio propio–

le regaló un paraguas con puntitos a una niña

que lloraba sin consuelo, mojada en partes iguales

por el cielo y sus ojos.

Y yo lo vi. Juro que lo vi.

No era una escena de otro tiempo,

la imagen borroneada de un documental

en blanco y negro, no.

Otra cosa era, otro momento de la historia;

mas el país es el mismo.

Néstor iba adentro, quietito para siempre, según se dice;

frío de muerte, como afirma el parte defunción.

El corazón tieso, más duro que el muro de

madera lustrada que lo contenía.

Llovía. Cómo llovía. Cuánto.

Yo no creía, sin embargo, que

el tipo estuviera allí.

No podía creerlo.

No quería.

Yo apenas si creía en el llanto de esa niña,

niñísima, y después más nada.

Cómo lloraba la mocosa, lejos

de cualquier pubertad siquiera.

Como esta democracia.

Y yo la vi. Lloraba.

Tenía una rosa roja envuelta en celofán que

había comprado a dos pesos el paquete.

Nunca un novio para que se la regale

un día, engalanado. Nada.

Qué va a conocer el amor esa pendeja

si tenía sus partes de amar listas para usar, pero

intactas todavía; sin estrenar, inéditas.

Como esta democracia.

Lloraba lágrimas de otros:

las de su abuela ama de casa,

eterna trabajadora en negro, ahora jubilada;

las de su padre con empleo por primera vez;

las de su mamá, madura ya, estudiante inicial

de la faculta de ciencias naturales y exactas.

Lloraba con sus propias lágrimas. Eso.

Nunca sus otros conocidos se parecieron

tanto a ella. Fueron ella misma,

tanto que también fue un poco cada uno

de quienes estábamos allí,

anónimos, sin edad,

mezclados al dolor,

cosidos a él por un perno imperceptible,

empapados, mitad llanto, mitad lluvia.

¿Por qué otra cosa puede llorar

una niña en la edad del pavo,

florecida bruscamente un día

de octubre de 2010, al sur, bien al sur?

Así se crece por aquí, mi’jita,

en estos lares de más abajo de todo.

Si es necesario, sopapos para acariciar

nos saldrán por la verruga, y piedras

de la aorta sentimental, pero

venceremos igual.

Vendrán tiempos difíciles, sí, pero venceremos igual.

Ahora duerma, mi niña, y

no se preocupe más por nada.

Ya habrá tiempo para eso.

Juegue con sus muñecas, que

para ese sagrado derecho

–entre otros que ya comprenderá algún día–

vivió él.
WADO
Wado está desnudo cuando habla.
sus palabras van y vienen de él
al silencio ida y vuelta.
visitan al dolor de donde salieron y
regresan nuevas, temblorosas,
lentas como pasado que pasa todavía.
duelen en representación de lo que vieron.
traen hasta aquí la memoria
de lo que pasó,
de lo que no pasó.
todo lo que tiene Wado falta en otra parte,
sus padres por ejemplo.
lo que todavía no tiene el país
Wado lo conserva al final de su sí mismo.
calienta cuchillos de matar y los clava adentro de
la negritud de la noche.
en la ceremonia de su desenlace empieza
el mundo otra vez.
la tristeza y el sueño se parecen a
la distancia que los diferencia y
a la vez los hermana.
la palabra busca a Wado como
ciego que pregunta a su deseo
sobre el sol.
hace día, hay música en la calle,
cuando ambos, sedientos
uno de la otra,
al fin se encuentran.

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Foto: en la lectura de “Boedo homenajea a sus poetas”, en la Biblioteca Popular Arturo Jauretche.

(*) DEMETRIO IRAMAIN es poeta y periodista. Nació en Buenos Aires, en mayo de 1973. Cursó la carrera de Sociología de la UBA. Es autor de los libros de “Poemas de mi yo concurrido” y “Tanta flaca infinitud”. Sus poemas integran las antologías “País de Vientre Abierto”, “Legado de poetas”, “Si Hamlet duda le daremos muerte”, y “Resistencia en la tierra. Antología hispanoamericana de poesía social y política” (editada en Colombia, por Federico Díaz Granados -compilador).
Desde julio de 2003 y hasta 2008, tuvo a su cargo el Periódico Madres de Plaza de Mayo. En la actualidad es el director de la revista ¡Ni un paso atrás!. Es columnista político del diario Tiempo Argentino, y escribe regularmente en el sitio Diario Registrado.
Entre los trabajos más destacados que publicó en la editorial de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, se encuentran: “Una historia de las Madres de Plaza de Mayo (la historia de las Madres en 12 capítulos)” y “Las manos de las Madres” (textos sobre los miles de testimonios, fichas, cartas, telegramas y fotografías conservados en el archivo de las Madres de Plaza de Mayo, en colaboración con Nilda Garré, Daniel Ballester, Osvaldo Bayer, Ulises Gorini y Adriana Puiggrós).
Actualmente, es el responsable de prensa y comunicación del Programa “ATAJO”, de Acceso Comunitario a la Justicia, dependiente del Ministerio Público Fiscal de la Nación.
Durante años fue delegado gremial de los trabajadores judiciales del fuero de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Desde abril de este año se encuentra en la construcción del nuevo sindicato de empleados judiciales, SITRAJU, que acompañe la lucha por democratizar la Justicia.

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