Los poetas recuerdan a Inés Manzano

Inés Manzano se fue de este mundo pero nos dejó sus poemas, su amor, su militancia, su lucha por enaltecer la poesía como expresión cultural. Nosotros la levantamos como bandera. A continuación, compartimos algunas reflexiones de poetas de este colectivo que la conocieron y dan testimonio del valor de esta enorme escritora argentina.

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La poesía era una fiesta

Por Gito Minore 

 

Esa tarde tenía un entusiasmo que me lo pisaba. La reunión era en una oficina de la Conabip y eso además de ser una palabra mayor, era un motivo padre para, entre otras cosas, entrar transpirado al lugar. Hacía unos días me había citado Julia Magistratti para proponerme hacer Poesía bajo la autopista en un Mega festival de poesía que se iría a realizar en Tecnópolis, lo cual significaba un paso gigante para el grupo nuestro. Al entrar Julia estaba con otra mujer a quién me presentó diciéndome que era una gran poeta y amiga, que además de que haría su ciclo, estaba ayudando de manera “voluntaria” con la organización de semejante festival.
Es cierto, la reunión fue hiper sucinta. Combinamos fecha, hora y formato en un tris y de ahí quedamos en vernos ya en el festival del cual, recién con el tiempo me daría cuenta de la magnitud que revestiría. Era un momento bastante especial. Justo en esos días, estaba tratando de cerrar una antología de carácter federal, que me había encomendado la Editorial Punto de Encuentro, desde hacía ya unos meses. La ocasión me parecía que ameritaba. No sabía cuántas oportunidades como esa tendría así que, ahí nomas se me dio por “manguearle” unos poetas para la obra a la susodicha a quién, por el lugar que estaba ocupando en ese momento, se me presentaba como la más indicada.
Sin embargo, en el mismo instante que enuncié mi pedido, Julia se dio vuelta e incluyó a su compañera en el convite.
-Para lo que querés hacer, la más indicada es Inés. Ella trabaja mucho con poetas de todo el país. Su ciclo se llama “Interiores”
No hicieron falta más preámbulos. Inés sonriendo, me preguntó de qué provincia me faltaban. Le dije de Tucumán, Chaco y Santiago del Estero. Pero también estaba corto de otras. Barajó un par de nombres, los cuales anoté con premura y soltó amablemente “Escribime y te paso un par más”.
Esa misma noche entablamos contacto. Me pasó varios contactos. Le pregunté si no le molestaba si a los que les escribía les decía que era de parte suya. Para nada. No tuvo ningún problema.
Lo digo porque es cierto. Como todo lo cierto que pasa en la poesía. Sucedió como un embrujo. Fue cuestión que proclamara su nombre en el mensaje y cada poeta a los que accedí no solo me contestó enviándome sus versos sino que me envió otros posibles participantes. La poesía me llegaba, no solo de las tres provincias que más me faltaban, sino de los demás lugares que estaban medios chuecos. En cuestión de 15 días terminé de armar el libro que hacía un año infructuosamente había empezado. Con la mejor poesía de todos los lugares de la Argentina. Por los cruces que se daban, los encuentros y desencuentros de caminos, lo titulamos Rutas. Nos parecía que así representaríamos mejor su espíritu. Queríamos hacer una constelación, un diálogo, que se yo.
Fue todo un despelote. Estuvimos 20 días en Tecnópolis, hicimos el ciclo y de paso otras fechitas menores, donde nos reunimos a “firmar” nuestros libros, pero sobre todas las cosas, lo más importante, cumplimos en no faltar al lugar. Estar en el puesto con la editorial y el cuerpo haciendo el aguante. Además, en el medio de toda esa vorágine, se estaba armando el libro de marras y había que cumplir con la escuela y las obligaciones que hacen que uno llegue a fin de mes como cualquier cristiano.
En ese contexto juntamos 100 poetas de todo el país y metimos en la imprenta el sexto título de Rescate poético. En ese elenco estaban muchos de los más representativos poetas de la Argentina.
¿A qué viene todo esto? A comentar un error que me parece que, en lo formal, cometí. A que aquella persona que por el simple amor a las letras me abrió un abanico importantísimo de poetas, no se me ocurrió pedirle un poema suyo. Más no sea para congraciarme.
Vamos, a esta hora de la noche lo puedo decir sin vergüenza. ¿Quién que estuvo a cargo de armar una antología no publicó gente por el simple hecho de que le hayan pasado contactos o recomendaciones? Es medio un lugar común, un paso obligado.
Y la mayor parte de las veces, la obligación viene acompañada de la “sugerencia” del propio consultado, enviando como postulante su propia obra. Eso, pone en vereda a todo incipiente antólogo y ahorra de paso, futuras recriminaciones.
No sucedió así con Inés.
Inés Manzano me ayudó a armar un libro que en algún momento pensé imposible y lo hizo simplemente por amor a la poesía. Porque consideraba que los poetas que me proponía eran los mejores en su género. Y vaya si lo eran.
No necesitó autobombearse, ni imponerse, ni nada. Hizo lo que todo buen poeta debe hacer. Hacerle honor a la poesía.
En ese momento, obvio, enquilombado en las millones de cosas en las que siempre me enquilombo, no me di cuenta, ni lo pensé. Salió el libro y ya.
Pero hace unos días, no muchos, la volví a ver a Inés y caí en cuenta. Esta vez, espléndida como se la aprecia en las fotos, entró al local. Era una fecha chiquita, ni me acuerdo cual. Si la primera, la segunda o la tercera del año, no viene al caso.
Estábamos medio por la mitad del encuentro y ella, había venido a escuchar a uno de los poetas que venía a leer por primera vez. Al verla, me acordé de todo esto que ahora escribo y con cierto cargo de conciencia sumado con la inevitable curiosidad de conocer sus escritos la invité al escenario. Entonces, entre un poeta y otro, me acerqué y le dije que si no tenía inconvenientes la quería incluir en el escenario. Ella me contestó, con la humildad que luego supe que era característica:
– Sí, si hay micrófono abierto me sumo.
Entonces, antes del final la llamé a que suba a leer. En la presentación que hice de ella recordé algunas de estas cosas. No todas, no. Sí algunas cuestiones, sobre todo, el recuerdo imborrable que tengo de aquellos días que estuvimos en Tecnópolis y esa sensación que me quedó o nos quedó, de que aquel año, no tan lejano, la poesía, nuestra poesía, era una fiesta.
Ella, bellísima y sonriente levantó sus dos dedos en V, cuando en algún momento del recuerdo, dijimos que teníamos que volver. No sabíamos cómo ni cuándo, pero volver a ese maravilloso tiempo.
Ahí nomás subió al escenario y recitó de memoria, cerrando los ojos, un par de versos pausados, super dulces. Parecía que se iba en cada palabra. Que la saboreaba como si fuera un manjar. El instante, literalmente, se detuvo en aquella noche, mientras los autos iban y venían por la autopista que teníamos sobre nuestras cabezas.
Fue inesperadamente único, inigualablemente único, desgraciadamente único.
Hoy, a un ratito de enterarme que su cuerpo no está entre nosotros, entre el dolor y las ganas truncas de haber conocido un poco más de ella, me resulta interesante pensar ¿Cuántos de nosotros podríamos hacer como ella? ¿Quién no caería en la tentación propia de la avaricia y el ego y no haríamos de la poesía un lugar para el aplauso y la vanagloria personal?¿Cuantos nos preguntamos que es la poesía? ¿Cuántos abrimos nuestro corazón a la poesía? ¿Cuántos? ¿Cuántos? ¿Cuántos de nosotros aceptamos la poesía como una fiesta en la que participamos todos?
¿Cuántos de nosotros podemos vivir la poesía como la vivió Inés Manzano?


¡Inés Manzano, Hasta la Victoria Siempre, Compañera Poeta!

Por Natalia Molina 

En el Festival Federal de Poesía/II Encuentro de la Palabra de marzo del 2015 en Tecnópolis, Inés Manzano me regaló su libro “Si es puñal que me mate.” Estaba escuchando a poetas leer, y esperando mi turno para ir al micrófono sentada en el pasto entre las hamacas paraguayas. Se acerca Inés y me da algo “a escondidas” y dice:-quiero que tengas mi libro, no tengo para darle a todos. La abrazo, me toca el turno de leer, leo un poema que dice “viva evita montonera”, “el peronismo no se explica, como el amor, como el silencio”, revoleo las hojas en el piso porque no encuentro cómo acomodarlas, la miro a Inés: me sonríe y aplaude en gesto de alegría y complicidad.
Termino de leer, voy casi corriendo a “La palabra nunca” organizada por Poetas Peronistas, en el camino leo la dedicatoria que me regaló Inés: “Para Natalia: estas voces tomadas por los otros/ esta vigilia en la orilla de los sueños/ estas batallas./ Con ternura y afecto/ por una pasión doble que nos une.”
Entro al auditorio, lleno, lleno de amor, de pasión, de resistencia, de lucha. En una mesa militante de lectura de poesía por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Hijos, Madres, Abuelas, Nietos. Lloro. Lloro conmovida. Otra vez la Poesía viene a confirmar que la memoria no es un ejercicio de nostalgia, sino de militancia. Ahí está la compañera Natasha, jovencísima, que armó una mesa de homenaje a las víctimas del terrorismo de estado. De homenaje desde la acción militante.
La pasión doble que nos une. La que menciona Inés en su dedicatoria: Poesía y Peronismo.
Poesía y Memoria, Verdad y Justicia.
A estas pasiones les agradezco el haberme encontrado con compañeros y compañeras que son mejores que yo, que me enorgullecen, que aunque ni lo sepan me sostienen en las batallas.
Un abrazo infinito para las amistades y familiares de Inés. Fue-Es savia y sabia en su siembra.
En cada festival, en cada lectura, en cada resistencia, Inés Manzano estará entre su gente querida.


MANZANO
Por Víctor Cuello (Pajarito)

es muy triste saber
que tus ramas no pueden

quedamos huérfanos

el otoño nos dejó sin abrazos

 

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Un comentario sobre “Los poetas recuerdan a Inés Manzano

  1. Leo y lloro,por la Poeta ,por mi pais,por el que escribe , su sentimiento,por lo vivido en ese espacio de Tecnopolis,vuelvo a leer las poesias de Ines Manzano y la conozco un poquito mas gracias

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