IV Entrega de “Poemas a Milagro Sala”

postal_01.jpgPara Milagro Sala

Nomás de arranque hay que decir
Ningún milagro: todo ha sido
Poner el hombro
Desde tu nombre se amedrentan
Las antesalas del dolor
No conozco Jujuy pero lo veo en tus ojos
Ni falta hace ser poeta para
Escribir lo que dicta el viento
Somos prisioneros en la tristeza de tu rostro
Yo quisiera arrancarme los pies
Para pisar tu camino liberado
Negra
Parece la esperanza sobre el rojo de los cerros
En la Puna un puma nos espera
Así damos lucha
aunque no lo parezca
Por ahora
Como Jujuyes nuestra resistencia
 Nuestro corazón 
Hugo Luna

No perdonan

No perdonan
El darle voz a los siempre silenciados
No perdonan
El darle prioridad a los siempre postergados
No perdonan
El darle derechos a los siempre desprotegidos
No perdonan
El color de piel, el ser mujer
No perdonan
El reclamo sin descanso de un pueblo organizado que la espera.

Anabella Luz Della Longa (Mendoza). Periodista en formación, peronista y feminista.


EL SOL DE UN PUEBLO QUE NECESITA MILAGROS

El sol del inca cayó bajo un manto de oscura injusticia
¿Acaso sería justo encerrar los sueños de un pueblo?
Los sueños que crecieron con tus pasos
Los brazos que nunca se bajaron
Las sonrisas de un pueblo que encontró una boca en tu presencia.
Serán grandes los guardianes que proclaman la injusticia pero no saben que el pueblo sabe romper cadenas.
El sol norteño quemará nuestra piel
El viento nos traerá alivio
La lluvia nace en los ojos de tu pueblo que lucha por tu causa justa.
Eternos serán aquellos que arriesguen su propia vida por la felicidad del pueblo

Alejandro Foletti (La Matanza, Virrey del Pino).


“…me tendrán en su memoria

    para siempre mis paisanos…”
           M. Fierro  

 Mateando                                                                                         

 “Malo soy io pa’l castiia
Io hablo solo lengua mia.
Hace tiempo agüelo via
crecer árbol y animal.
En tierra suia sin mal
con paisanos el vevía…
 
Dipé vino gringo y dijo
‘este campo lo he comprao’.
Agüelo puso enojao
porque campo era de él
 de otra gente de aquel
paisano conglomerao.
 
Pero gringo jué a buscar
a melicos y gendarmes.
Vino dipés a dejarle
a mi agüelo aquel papel
ande dicía, sigún él,
que de allí debía sacarle.
 
Agüelo jué manoteao
por dos gendarme grandotes.
Como güen hombre chorote
les japapeó a los melicos.
Pero un palo n’el hocico
lo dejó tirao n’el lote.
 
Ia sin nada por hacer
mi gente se alzó las chozas.
Angarró las pocas cosas
de valor que ahí tenía
y se jué a andar noche y día
humiiada y dolorosa.
 
Por fin ladeando el tewak
toldos nuevos levantó
y enseguida se ordenó
pa’ conseguirse el sustento.
Y en el tewak y al momento
sábalo y bagre pescó.
 
Ansí comenzó la vida
pa’ mi gente dende aí.
En ese lugar crecí
y tengo mucha memoria
pa’ recordar las historias
que en la misiones viví.
 
La Merced, San Luis, La Paz,
Pozo El Tigre, La Curvita
Santa María y Merce Chica
Santa Vitoria y La Gracia
son recuerdos de mi enfancia
en esa tierra maldita.
 
Iamm Iookwaja, si compadres
chorote de mi tewak
que Pilcomaio he’i iamar
pa’ que toditos compriendan
ia que tewakthlele, en lengua,
es hombre del rio a la par.
 
Muchas veces sentí hablar
a mi tata y mis agüelos
de sus grandes disconsuelos
por la falta de trabajo.
Solo meseria y andrajos
ricuerdo io de ese suelo.
 
En el tiempo de la zafra
venía abajeño a decir
que al ingenio había que dir
San Martín del Tabacal.
Que ahí se acabaría el mal
y habría pan pa’ repetir.
 
Con mih agüelos y tatas
jui  varias vece al lugar.
Dipé de andar y de andar
a pie muy grande distancia
iegábamos a una estancia
a pasar hambre y sudar.
 
‘No hay caso con tanto esjuerzo’
comentaban al volver.
Dipé de ese padecer
de trabajar bajo el sol
al terminar la labor
eran mas pobres que aier.
 
Solo algunas moneditas
nos tiraba ese patrón.
Y nos cobraba ración
que debía darnos por ley.
Igual que al burro o al güey
nos trataba ese ladrón.
 
Con changuitos y mujeres
dibamos pa’iá cada año.
Al volver era mas daño
el que habíamos contraído
que lo poquito otenido:
moneditas y algún paño.
 
Al final ia no hubo caso
de andar por esos lugares.
Uno sudaba de amares
para ganar un jornal
que no balanciaba el mal
pasao en esos solares.
 
Entonces mi gente quiso
comerciar con el pescao.
Consiguieron güen mercao
en Bolivia y Tartagal
y una chatita normal
pa’ aligerar el mandao.
 
Dos meses vivimos bien
vindiendo nuestro sustento.
Más dos pícaros mugrientos
que andaban también vindiendo
al ver su negocio rengo
nos cuchillaron el tiento.
 
Se comportaron mesmito
estos dos gringos que ratas.
Nos arruinaron la chata
una tarde que iovía…
quejamos Gendarmería
pudimos salir…a gatas.
 
Entonces hubo otra vez
que ajustarse el centurón.
El hambre se hizo ración
cotidiana pa’l chorote
por mal de costao un lote
de changuitos jué al cajón.
 
Aura pasamos pescando
y comiendo el día los peces.
Sobrevevimos a veces
con algarroba y lagartos
pero ya estamos muy hartos
de esta vida y sus reveses.
 
Pa’ colmo vino un dotor
hace poco a este poblao
hizo poner un tablao
y un mecrófono en Vitoria
y nos usó pa’ la noria
de su interés, el malvao.
 
Antes de hablar nos detuvo
un día y medio en un galpón
este dotor compadrón
que a cada rato dicía:
‘si usté vota lista mía
yo le’hei de trair solución’.
 
Ansí debajo el tinglao
armamos un gran jogón
para matear en montón
esperando el ato ese.
Estábamos como peces
augaos en un fuentón.
 
Hombres grandes y mujeres
viejos, mocitos y changos
bailamos aquel fandango
tocao por el dotor
que habló de paz y de amor
de comida y nuevos ranchos.
 
Cuando hubo de terminar
quiso armar la clientela.
Nos dio pan y martadela
a toditos pa’ comer
y nos dijo: ‘ hei de golver
pa’ trair azúcar y velas’.
Mi gente sonrió y sonrió
al dotor cuando se iba.
Más por dentro andaba altiva
ante tanto promesero
que dipé haría su enero
con nuestro cuero hecho tiras.
 
Al final nos decidimos
dipé de esa gran reunión
a no votar a patrón
ni a dotor ni a militar
y a ponernos a peliar
pa’ arreglar nuestra cuestión.
 
Ansí iegamos acá
pa’ sumarnos a esta juerza.
Al indio no hay quien lo tuerza
cuando presenta pelea.
No recula ante  quien sea
y aunque el cueio le retuerza.
 
Somos mansos y tranquilos
pero sabemos ser fieros.
Conocemos entreveros
al vivir entreveraos
siempre a palos, mal miraos
manoseaos, prisioneros…
 
 
                                   ¡IIUUJJJUUU gritamos ahora nuestra consigna de guerra
 
                                    nuestras hembras serán perras, nojotros  seremos tigres
                                    pelearemos pa’ ser libres, los indios en nuestra tierra!
 
 
                                                                         5 de mayo de 1989

Jorge Luis Ubertalli Ombrelli (Buenos Aires)postal_04.jpg


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Un comentario sobre “IV Entrega de “Poemas a Milagro Sala”

  1. Hay muy buenos trabajos, quiero destacar sin embargo mi felicitación al compañero Jorge Luis Ubertalli Ombrelli por el contenido de su trabajo, como también por lo ajustado del lenguaje que imita la voz del indio sin caer en lo chabacano, cosa difícil. Combativo y claro, tranquilo y reflexivo.

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