Selección de poemas de Jorge Falcone

jorge-falcone-zoom.jpg

Sobre el autor: Jorge Falcone es realizador Cinematográfico especializado en Animación (IDAC, 1992) Documentalista y escritor. Profesor de la Universidad de Palermo en el Departamento Audiovisual y el de Investigación y Producción de la Facultad de Diseño y Comunicación. Ex Director de RRPP de la Sociedad Argentina de Escritores, jurado en numerosos concursos literarios y festivales cinematográficos, publica artículos periodísticos regularmente en diversos medios. Guionista de Tecnópolis TV, adscripto al Área de Contenidos (Departamento de Prensa y Comunicación) de la Comisión Nacional de Energía Atómica, y miembro fundador del Movimiento de Documentalistas. Es hermano de María Claudia, quien fue secuestrada junto a otros jóvenes por militares en 1976, en la denominada “Noche de los lápices”; continúa desaparecida.

Ciudad en blanco

Ciudad triste
la ciudad en blanco.
No quieren que opine.

Laburantes obligados
tapan sus verdades.
Saben lo que tapan.

El apellido del prisionero,
el nombre del muerto:
Todos compañeros.

Ciudad blanca,
eres para nosotros
cuaderno nuevo:

Te estrenaremos.

Inventario para reamar a Carlón

Yo
que no he escogido ser poeta de epitafios,
a veces encuentro muertos enredados en mis palabras.
Eso quiso el tiempo que me toco vivir,
quizá mi humilde función sea
rearmarlos de otro modo
y lanzarlos al futuro.

Si tuviera que hacer eso contigo,
compadre,
te pintaría como guerrero y pibe,
con la terrible repugnancia que te inspiraban
los opresores y esa ternura infinita
que dabas a los niños,
Con el andar cansino y displicente
de Don Juan “bogariano”
y los ojos entornados
conteniendo una sonrisa permanente
a punto de estallar.
Te pintaría componiendo a
hurtadillas esos maravillosos poemas de
plazas y banderas que imprudentemente
quemó tu vieja,
y que volviste a memorizar para que hoy nos acompañen.
Nunca nos dijiste que escribías,
nunca supo tanta gente que existías.

Muerto y resurrecto en penas y desgarrones
a veces se te veía triste, a veces dicharachero,
pero, como los jefes, siempre en primera fila.
Como en aquel 16 de diciembre de cascotes y puteadas,
al frente de la gloriosa JotaPé que forjaste cojonuda.
Dicen algunos que sabías que la patria
precisaba de tu sangre,
y que la bancaste a lo guapo
apostando tu suerte a la del Movimiento
como quien dice fatalmente:
“Yo soy el combustible de los tiempos nuevos”.
Por eso te sentás a la diestra de Hernán en mi memoria.

Siempre pasa lo mismo con ustedes;
hoy compartimos un vino y mañana el silencio.
Pasado, blancos y negros, son fotos en el diario…
Pero inevitablemente siempre,
nuestros compañeros de ruta a un futuro feliz.

Ahora habrá que soportar que te
descuartice impunemente
el periodismo de la oligarquía,
y te llame con desprecio
Pereira Rossi.

No temas, hermano de las entrañas.
Pronto vendrán días mejores
y volverás a ser
ya para todos,
EL CARLÓN.

(junio de 1983 -JUAN CARLOS LUCERO, seudónimo literario de Jorge Falcone)
El verso es implacable

con aquel que lo ha probado.
Siempre vive al acecho,
te sigue a todos lados.
No te deja ver la vida sino a través de su prisma.
Se te prende como una enfermedad irremediable,
y de nada vale estar de olvido
o hacerse el distraído:
Él,
tarde o temprano
volverá a brotar.

(1987)

Postal de argentino remanente

Vinieron de oscuros confines
cuando la Patria fue posible.
No fueron protagonistas pero acompañaron
la tarea de poner un país en marcha.
A ellos les tocó
la caña tacuara a cada extremo de la pancarta,
la manguera que sacude el parche hasta ampollar la mano,
el tizón de negro de humo que anuncia
el retorno de la esperanza,
el cantito imprescindible que sostiene el acto al pie de cada
/palco,

el cordón que preserva a la embarazada dentro de la columna.
Fueron pescettos, culatas,
o apenas número anónimo en la concentración.
No elaboraron un proyecto
pero lo sostuvieron en sus hombros.
No sintetizaron la consigna
pero la corearon hasta perder la voz.
Robaron la bandera del banco y
la vaca que garantizó
el asado del 25.
El odio gorila un día
les pateó el hormiguero
y volvieron
a pretéritos oficios de sobreviviente.
Desamparados de la Nación posible,
tumbaron un cajero automático
por no olvidar el sabor del choripán.
Otra vez diáspora sin rumbo
fueron detectados por el gatillo fácil,
cada cual a su turno.
La noche los vio devolver hasta el último glóbulo rojo
sin agradecerles los servicios prestados.
El “medio pelo” descansó seguro
cuando el nuevo orden empezó a deletearlos.
Vivieron como multitud gregaria,
están muriendo por cuenta propia.
En la soledad más extrema,
en el más cruel anonimato,
mantienen una costumbre :
Saber cuándo y
con quién no se dialoga.

Compañera meretriz

A la memoria de Sandra Cabrera, dirigente de A.M.M.A.R., asesinada en Rosario con la complicidad de una sociedad hipócrita y patriarcal.

¿Sabés una cosa,
Sandra?:
Cada vez que me sentí mierda
me aguantaron ustedes…

Pero esta sociedad caníbal,
que nos convierte a todos
en objetos descartables
suele ensañarse
con lo que representás,
aceptando -no obstante-
y consumiendo
tu antigua profesión.

Será por eso que me da náuseas
convivir con pulcros
pedófilos de Internet,
yupis heterosexuales
que curten travas por izquierda y
los linchan por derecha,
sicólogos que llaman puto
al homosexual,
usufructuarios de esa pornografía fascista
en que diez patovas someten
a una aspirante a actriz,
vendedores de secretarias
que parten la manzanita por TV,
clientes sorprendidos por la yuta
que con una cometa duermen
esa noche con su esposa
mientras el yiro duerme
ocho noches en cafúa,
elegantes coleccionistas de cuerpos femeninos
masacrados para el circuito snuff
del hemisferio norte…

Todos ellos ciudadanos probos,
con más poder que vos y que yo.

Te aplastan, Sandra,
porque sos
el monstruo indigerible de la historia,
espejo que refleja el estigma
de aquella doble moral que nos legó
la conquista hispana.

Mi poesía, que
casi siempre llega tarde,
te banca, Sandra,
por argentina y laburante.-

(6/02/04)
Oración por Pier Paolo expulsado del paraíso

“No he elegido otro camino
que el de los que actúan
para la liberación del hombre”
Pier Paolo Pasolini

Fuiste Pedro y Pablo a la vez.
Marxista, poeta de la imagen,
hereje, dramaturgo y mártir.
Pedro por ser la piedra
fundamental de una iglesia bizarra.
Pablo, como Saulo, porque naciste
en hogar de centuriones y buscaste
sinembargo escarmentar a tu padre
siendo el peor de todos.
El más cuestionado y el más cuestionador.
Plasmaste en el arte de tu siglo
una geografía de rostros
tallados a espaldas de la estética vigente.
Manos callosas, risas sin dientes…
Canonizaste al pobre y al feo
expulsando una vez más
a los mercaderes del templo.
Señor de la aridez y del despojo,
nadie hallará paz en tu legado.
Sólo la más feroz
raíz cultural de Italia.
Portavoz de ese sur bastardo,
coitadino, zampuñaro,
miraste al mundo con la pupila
degollada del “Perro Andaluz”.
Aún blasfemas contra el cielo
crucificado en Playa de Ostia
por la “buena gente” que oculta
tras un pobre “taxi boy”
buscó cremar tu “moral dudosa”.
Virgilio guiará tus pasos
en el averno al que te confinen.
Y el día que las trompetas suenen
y recupere lo justo el cauce,
los señores serán reos,
tus personajes
fiscales.

REGGAETÓN DE VILLA ARGÜELLO

“Aunque digan que soy
un bandolero donde voy
le doy gracias a dios
por hoy estar donde estoy
y voy a seguir con mi tumbao
y con mi ojos colorao
con mis gatos activao
ustedes to me lo han dao”
Don Omar,
fragmento “Bandoleros”

Reggaetón de Villa Argüello,
coro griego que nos cuenta
la historia de un siglo nuevo…
Saluda tu canción
Santiaguito Barberán torturado
y arrojado a la cara
del municipio mudo.
Darián Barzábal fusilado
en patrullero de Los Hornos
te saluda.
Y hasta el borrego que se incendió a lo bonzo
en Plaza Italia para huir
de este mundo de marines y de paco,
arde en tu verso improvisado…
En el ritmo que inventa
tu garganta instrumento.
Reggaetón de Villa Argüello,
sos el sabueso esquinero
que vela por el planeta,
único barrio que tenemos.
Reggaetón de Villa Argüello,
sos la globalización que acepto.-

para Gisella y toda la barra

(5/8/2007, Jornada Solidaria en Centro Cultural Olga Vázquez)
PIDO GANCHO

“No hay prueba científica de que el tiempo pase.
Que nosotros pasemos es otra cosa”
Ernesto Cardenal

Tiempo.
Un poco.
No demasiado.
Tengo tantos libros que leer.
Tantas siestas que dormir.
Tantos soles por beber.-

(27/10/07)

LA POLÍTICA ES EL ARTE DE LO IMPOSIBLE

“Para qué sobrevivimos?
¿Para ocupar una banca?”
Jorge Zabalza
(MLN-Tupamaros)

¿En qué recodo del camino
extravió el posibilista
su moral heroica?
¿Después de la última osadía
escarmentó y se volvió mansito?
¿Lo convencieron pues
de que aquel viaje a la projimidad
no conduce a ningún sitio?
¿Pagó su paz al precio
de una sociedad sin héroes?
¿Aceptó diluirse en la multitud
para que nadie diga “miren,
ahí va el padre,
la esposa,
el hermano,
la hija del héroe”?
¿Porqué en el presente edulcorado
son de mal agüero
los héroes y los santos?-

(20/11/07)

A mi amiga y compañera de lucha
María Inés Luccheti
EL POEMA HACE LO QUE LE PINTA

“El poeta es jugado por la palabra.
La palabra hace lo que quiere.
Su lenguaje mata”
Leónidas Lamborghini

No, si el poema tiene su carácter,
no te vas a creer.
Por ejemplo ahora…
Mirá que le digo
“no jodas al lector
con huevadas existenciales”
(más cuando es así,
por cuestiones de edá)
Pasa que me dieron el carné de la facultá
y pensé:
“Ese viejo es más viejo
que mi viejo, viejo!”
Y después
“cuándo carajo y cómo
se pasa de muchacho a señor,
y no se adelgaza más
ni recupera lozanía… “
A mi no me jodan con Nacha
y el agua mineral,
quieren?
Lo único cierto es Aurora Venturini
-viste?-
premiada a los 85 por su prosa
rebelde y joven.
Pero unos son como robles y lo logran.
Otros,
maricones como yo y mirá…
Mirá que remo, eh?
Porque – decíme la verdá –
cuándo paro yo, a ver?
Pero hay una soledá
que es ontológica, sabés?
La describió Vallejo escribiendo
“Tanto amor
y no poder nada contra la muerte”
La gente que te frecuenta
te ve igual que siempre:
“Tas hecho un pibe”;
mandan.
Pero los que ves de vez en cuando
te sacan por la voz.
Y amores hay también,
de esos imposibles
que – al cabo de una vida –
comparecen diciendo:
“Ya estoy lista para vos”
Pero
a qué “vos” le hablan,
me querés decir?
Al que sos o al que les dejaste
cuando las fotos perdonaban
aunque no posaras…
Que me dejen de joder.
No me gustan los espejos,
y cada vez estoy más convencido
de que ya me pasó todo
y el destino se olvidó de mí.
Qué cagada, viejo!
Mirá lo que me hacés decir!
Voy por la vida de gil y a la final
el poema hace lo que le pinta.-

(5/12/07)

A mi amiga Norma Etcheverry, poeta

EL CENTINELA DEL DOKE

De chiquito te llamaban Chuculata,
porque naciste color cacao.
Sentado ante el balcón de tu torre de El Doke,
a veces regresás al Puente de Gerli
para saltar sobre el techo incandescente de aquel tren
y volvés a quemarte por todos los negros del mundo
para escribir al carbón y simplemente
Perón y Evita.
En el mismo a veces El Primer Trabajador
te cruza en el paso a nivel de Longchamps
y te sube al descapotado en que viaja a San Vicente
con La Abanderada de los Humildes.
Algunas veces retornás también
al “Mi Club” de Banfield
para conquistar a Gladys al son de Los Wawancó.
O cruzás la calle con sábanas pintadas
junto a los compas de Grafa,
que claman nuevamente
por Evita y por Perón.
O yugás como buey en la Viplastic de Burzaco
con un FAL de los verdes en la espalda.
Decíme una cosa, viejo hermoso,
me cago en Dios:
¿Serás vos el que tiene que poner la trucha ante la Nación
y rendir cuentas por El Brujo o El Riojano…
será mi vieja, pregunto yo?
¿Figuraba en el Programa del FREJULI
aniquilar a la subversión,
incluía la Revolución Productiva
vaciar el Estado hasta la postración?
¿Quedan motivos aún para llevar la frente en alto
sin omitir personalismos ni burocratización?
¿Porqué cuando la dirigencia se limpiaba el culo
con el movimiento nacional
vos – que nunca pudiste ahorrar ni un cobre –
fundaste la Confederación de Jubilados Peronistas,
me querés decir?
A veces me consta que evocás
aquel intento de afano en la Torre Diez…
y el bastón que le partiste en la frente
al chorro que te encañonó.
¿Sabés qué, Chuculata?:
Quedan giles que compraron
que el peronismo es un bombo,
una santa y un balcón.
¡Que se jodan, che!
Porque en ningún aula
se lo van a aclarar,
ni en ningún programa de TV.
Ahora aguantás el último bondi
cogoteando a través de la persiana
por ver si hay resto
para volver a cruzar los puentes
como aquella vez…
Decíme algo más, mi viejo:
¿También recordás aquella medallita
que te obsequió El General camino a Glew,
la que conservaste hasta su arrebato,
en la pileta de un club?
No, mejor no digas nada.
Vas a salir con lo de siempre,
me vas a hacer lagrimear,
y nos van a tomar por boludos a los dos…
con eso de “nunca supe si era de oro
porque jamás la quise vender”.-

(12/1/08)

A Domingo Roa
y a la gloriosa militancia que apostó al peronismo
sin pedirle nada a cambio.

Picoque
(Canto Coral Mariano )

Qué pena tiene la muerte
cuando de su calavera
siente crecer en silencio
la flor de la primavera.
Manuel J. Castilla ­ Gustavo Leguizamón

A menudo necesito recordarme que, entre los abortos y los falsos embarazos de mi madre, cabe computar uno ­que no fue precisamente el mío­ y que llegó a buen término el 16 de agosto de 1960. Desde la primavera de 1976 no hago otra cosa que resistirme a la odiosa condición de “hijo único”.

Caminaba con María Claudia por la Avenida 7, charlando sobre la necesidad de prever el contragolpe enemigo a la hora de planificar campañas de sabotaje en su contra. Tuve la impresión de advertir a la representante del bachillerato de Bellas Artes ­que además era mi hermana­ muy confiada en la capacidad de acción miliciana de la UES. Pero lo cierto es que ya nos íbamos quedando sin viviendas operativas. En una ciudad universitaria superpoblada de jóvenes, hacia fines del primer año de la dictadura, abundaban las casas con una docena de refugiados en su interior. No había retaguardia que resistiera una ofensiva eficaz del enemigo.

Tras albergar a Claudia, el departamento de nuestra anciana tía Rosa Matera ­última sobreviviente de seis hermanos­ había pasado a constituirse en bastión operativo de su agrupación, obviamente clandestina. María Clara Ciochini, dirigente perseguida de la UES de Bahía Blanca, también se refugiaba en aquel sitio que poco antes había sido “la apacible morada de la abuela de Caperucita”. La rutina de un consorcio de medio pelo se veía alterada de repente por la irrupción de grupos de adolescentes ruidosos. Nadie notaba, sin embargo, que, en su mayoría, los chicos llegaban tabicados, es decir, guiados por alguien que tomaba la precaución de hacerles dirigir la vista hacia el piso para no reconocer el sitio de reunión y, por ende, no exponerse a denunciarlo ante eventuales apremios. El lema en boga era el que no sabe, no confiesa. Pero no tardó en ser capturado un militante que pese a no conocer el paradero de aquel sitio, se contactaba telefónicamente con sus habitantes. Eso precipitó la decisión de evacuarlo.

En la tarde del 16 de septiembre de 1976, María Claudia y María Clara, ya alzadas* de su riesgoso refugio, se encontraron con mi padre y, confiándole que procuraban nuevo destino, le solicitaron algún dinero para moverse.

Al caer la noche, mi compañera y yo nos reunimos con mis padres y mi primo Jaime, huésped nicaragüense que estudiaba aquella misma carrera que me estaba decepcionando. Cenamos en el restaurante “Le tre palle”, cerca de mi hogar natal, más precisamente, frente al edificio de Obras Públicas (en cuya explanada un año antes se había producido la concentración que conquistó el Boleto Estudiantil Secundario y en la que mi hermana había tenido pleno protagonismo). La comida transcurrió en un clima distendido y sin sobresaltos. Nos despedimos temprano porque no eran épocas para circular a horas avanzadas. Pasó un tiempo considerable hasta que nos enteramos de que, mientras se desarrollaba nuestra velada familiar, María Claudia y María Clara retornaban abatidas al peligroso 586 de la calle 56, con la frustración de no haber encontrado otro albergue.

El portero contó que fueron intimadas a rendición por parte de un grupo de civiles armados que irrumpió violentamente en el hall. Las chicas corrieron escaleras arriba amenazando a los intrusos con abrir fuego, pero la conciencia fatal de que se hallaban en el estrecho pasillo de un edificio de departamentos lleno de familias las hizo desistir de armar un tiroteo. Y buscaron refugio en casa de la tía “Tata”, que a esas horas descansaba ignorándolo todo. Una vez que llegaron allí, trabaron la puerta como pudieron y pensaron en arrojarse hacia alguna terraza lindera, pero estaban en un octavo piso y toda opción era muy arriesgada. Durante esas cavilaciones, los matones tumbaron la puerta, encerraron a la sobresaltada dueña de casa en su habitación y redujeron a ambas dirigentes de la UES para encaminarse, acto seguido, al baño del departamento. Retirando la tapa plástica del botón del inodoro, recogieron un gancho del que pendía una bolsa de polietileno que protegía varias armas cortas y algunas pepas** pertenecientes a la agrupación. La tía, que logró espiar sin ser advertida, pudo apreciar que se movieron con datos precisos. Por último, las sacaron a empujones conduciéndolas a un camión del Ejército apostado frente al edificio, en el que ­según testimonio de la peluquera del barrio­ aguardaba personal militar en uniforme de fajina.

El odio gorila volvía a conmemorar su Revolución Libertadora y se ensañaba con aquello que le resultó inaceptable: un puñado de adolescentes con un Proyecto de Nación. Esto último movería al Presidente Videla a delegar en el General Camps ­por entonces a cargo de la Policía Bonaerense­ ese operativo de escarmiento contra la osadía del movimiento estudiantil secundario al que los mismos represores bautizarían como “La noche de los lápices”. El Comisario General Miguel Etchecolatz tuvo a su cargo el procedimiento llevado a cabo con personal de la comisaría 9a de La Plata. Y el Comisario Luis Héctor “Lobo” Vides se encargó del interrogatorio durante las sesiones de tortura en el campo de concentración de Arana, antes del traslado hacia un destino final en el llamado “Pozo de Banfield”.

En el caso particular de los militantes del bachillerato de Bellas Artes, ya habían sido oportunamente vigilanteados* por el celador Emilio Capalbo y prolijamente denunciados a las fuerzas de seguridad por la Decana María Elena Macaruk. Luego de alrededor de cinco meses de cautiverio, en que testigos presenciales dicen haberlos visto cantar la Canción con todos, de Armando Tejada Gómez, tomados de las manos en el patio de la prisión, todo indica que esos chicos habrían sido fusilados sumariamente a principios de 1977, en los subsuelos de la Jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, en el Paseo del Bosque de la ciudad de La Plata.
Pero en aquella infausta madrugada de 1976 ignorábamos todo esto. Nos despertaron los golpes de mi madre contra el postigo de la ventana.
-Se llevaron a María Claudia… -susurró. Y fue suficiente para entrar en pánico. Cuando nos reunimos con mis padres, no podía dejar de temblar. Intentaba serenarme a toda costa, procurando meditar los próximos pasos. Mi compañera tomó la iniciativa de organizar la retirada. Nos cambiamos y afrontamos la madrugada impiadosa. La represalia más común para un opositor era, hasta entonces, la cárcel. Desde esa perspectiva recomendamos a mis padres que se movieran con criterios legalistas: ir a la curia, al regimiento de la zona y recurrir a las viejas amistades influyentes. Urgía hacer un hábeas corpus. Nos dejaron en Plaza Rocha y, aceptando nuestra recomendación, siguieron viaje hacia el domicilio de unos parientes. Esa noche, su casa volvería a ser allanada, ahora violentamente: un jeep derribó la histórica puerta metálica de cuatro hojas y la arrastró a lo largo del zaguán hasta el hall. Nosotros optamos por pernoctar en un hotel alojamiento. Era imprescindible guarecerse para, más serenos, ordenar la rutina de la jornada siguiente, que prometía ser abrumadora.

Ese sitio al que, juntos o cada uno con otro partenaire, habíamos convertido en templo del placer, ahora nos devolvía quejidos que nuestra duermevela atribuyó a los compañeros detenidos.
Ante un destino incierto, y procurando descansar, busqué refugio en la palabra mágica que con María Claudia imaginamos de pequeños para conjurar la adversidad.

Picoque -repetí-. Picoque, hermana.

Y me dormí.

(Texto leído en la presentación de su libro MEMORIAL DE GUERRALARGA, un pibe entre cientos de miles, en la Feria del Libro, el jueves 25 de abril, con la presencia de Estela Carlotto, Nelva Falcone, Roberto Baschetti, Felix Pigna, Gabriel Fernandez, Bernardo Alberte, Gonzalo Chavez, Jorge Lewinger, Eduardo Gurrucharri, Juan Carlos COCO Manoukian, Lissy Lettner, Martin García y otros compañeros).

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s