Recomendado: Una traducción rioplatense de “Teoría King Kong”

Compartimos pdf de la traducción rioplatense de “Teoría King Kong”, de Virginie Despentes (Editorial Hekht Libros).
Podés comprarlo en papel en La Libre.

LINK: http://www.cde.org.py/wp-content/uploads/2015/05/despentes-teoria-king-kong.pdf
+ info: https://hekht.wordpress.com/about/teoria-king-kong/

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Ciclo “Conversaciones Ciudadanas” en La Plata

HORACIO GONZALEZ Y FLORENCIA SAINTOUT INAUGURAN EL CICLO CONVERSACIONES CIUDADANAS

La coyuntura político-cultural del país. El vaciamiento de la Biblioteca Nacional. Su nuevo libro. La construcción de alternativas desde la acción. Los frentes culturales más allá de las resistencias.

¿DÓNDE?

En el Espacio para las Artes La Casa de las Tías, Calle 49 nro. 1119, La Plata.

Allí estaremos acompañando la actividad con una lectura de poesía.

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Poemas del #CorreoDePoetas

 Nos llegan poemas que viajan por cables de fibra óptica, y que agradecemos la confianza a lxs poetas que nos los envían. Acá están, estos son:
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(sin título)

No calla el grito de la mujer que lucha
no calla el grito de la mujer que ama,
de la mujer que sueña con su tierra libre
de la mujer que espera por esa nueva patria

Acaso tus noches hoy serán oscuras,
acaso algún miedo te rondará de cerca.
acaso este pueblo no desconocerá tu vida
mujer originaria de esta, nuestra olvidada tierra,

La injusticia irrumpe en nuestras vidas,
la injusticia también nos pega donde nos duele
a vos te encierra bajo mil llaves
y de nuestra ofensiva parece burlarse

Perdón Milagro, por no salvarte.
por no reunirnos bajo la noche
y como un pueblo fuerte
subir al norte a rescatarte

En nuestra sangre también recorren
los mismos vientos que en tus albores,
también hay noches en que abunda
la oscuridad, la incertidumbre…

No callarán tu grito, tu libertad, tu lucha digna
no callarán tu afán por el amor, por la justicia.
acá hay un pueblo que aún no rinde
ni sus manos, ni sus armas ni su fé en el mañana.

Aquí no dejaremos de presentarles batalla,

vos no te rindas, no te des por vencida.
tu alma erguida, Milagro Sala.
Tu lucha digna, hermana mía.

Por Guada Benítez. Leé más en https://guadabenitez.wordpress.com/.


Mariposas negras

Mariposas negras
Mariposas rojas,
como en una integración
demorada
han venido.

Como la llama de la vela
-en una intensidad dulce-
la mujer que soy
baila
baila
baila

 

 

 

Y con la pluma en la mano
poder vivir todo este día.

Entrar en la noche sin
pérdidas.

Las voces
murmullos ventilados
nos devuelven el alma.

 

 

 

 

 

Como toda mujer que
se precia de serlo
cierro con un candado
la secreta noción de mi poder y
aparezco ante los demás sin
delatarme.

 

 

 

 

 

 

Llevo un pendiente de agua
y lo he traído hasta el colmo
de la sujeción.

Por Marcela Sánchez, con motivo del II Encuentro de Poesía y Género.


Peso muerto

Cae a golpes en la noche
un asalto por detrás
sabe no se debe que nunca vas a poder
con las manos debajo de la ropa
el cuchillo pesa las costillas
tapa la boca para no respirar
el demonio de la culpa

la verdad llega a plazos
en porciones el eco
cierra el silencio el cuerpo una costura
como el agua tiembla
el roce de un dedo
que se empeña en ser plomo
las palabras que no dijiste
peso muerto una mole de nieve
para aplastar la incertidumbre
lo poco que de vos
queda en la pregunta.

 

Escapar por el río

Pediste al cielo escapar por el río
una noche sin luz
que la sangre dejara el cuello
para ser la definitiva
tus olores a selva
para guiar el camino

Atrás quedan
las hierbas muertas en la sal
las mujeres que fuiste
la tierra a los pies la mueca de la muerte
la carne que cede
ante el huésped fútil de tu casa
atrás la espalda encorvada el vientre estéril
atrás
la clarividencia de los ciegos

Para buscarte en un nuevo idioma
atravesada espada por ajenos pasos
puntual
a la hora de tu luz victoriosa.

 

Eso que es de ella

Eso
que es de ella
parada y en frente
tiene el fuego que solía quemarte

Olvida lo que recibió al nacer
prescinde de lo que ha usado
aprende a escuchar en el crujir de los huesos
y distingue el miedo de los puños cerrados
no hay descanso para buscarla
heredera de una cacería de brujas
sus manos son la llave de la libertad
el tesoro leal del silencio
o la mentira
el roce el recuerdo
que la desnuda

Te ha cubierto desde entonces
con inocencia y con sangre
se alzará incendiada en vuelo
brotarán de sus ojos flores
y buscará la revancha
que la existencia le debe
víctima de la bravura
que debió matarte
de una mordida.

Por Marinés Scelta, con motivo del II Encuentro de Poesía y Género.


Perón y la montaña: una aproximación[1]sensible.

“Lo que pasa es que los presidentes
no suelen ser montañeses
ni los montañeses presidentes.
Yo reúno ambas condiciones
y una explica la otra”.

Juan Perón
a los miembros de la expedición francesa
que coronó el cerro Fitz Roy (1954)[2]

“La gran derrota, en todo, es olvidar”.
Celine: Viaje al fin de la noche

A Ricardo Labanca, in memoriam,
y con él, a todos los compañeros.

Perón fue el protagonista central de la historia argentina del siglo XX. Su influencia no sólo fue continental, sino de proyecciones mundiales y, a la vez, si bien falleció el 1º de julio de 1974, sigue irradiando sus ideas en pleno siglo XXI.
Militar de carrera, tres veces elegido presidente de la Argentina por la vía de los votos -el primero en la historia electo por sufragio universal-, Perón fue el artífice de la formación de un movimiento político-cultural multitudinario que expresó una síntesis sensitiva y concreta de los anhelos de las mayorías populares, de los más pobres y más desprotegidos de la sociedad, y para quienes como gobernante volvió realidad efectiva derechos y beneficios sociales que nunca pudieron ser igualados en su impacto transformador.
Esa tarea de reparación histórica fue llamada por el mismo Perón como “justicia social” y su cumplimiento también estuvo asociado a la mítica figura de su segunda esposa, Evita, Eva Perón, también protagonista crucial, hasta su prematura muerte en 1952, de una década de realizaciones que cambiaron para siempre a la República Argentina.

Perón fue también un pensador incisivo y original y un escritor de vasta producción. En su obra, se revelan tanto su rol de ideólogo militar (fue profesor de la Escuela Superior de Guerra) como su faceta más conocida de conductor y estratega político, aunque toda su obra tiene rasgos que la singularizan: está atravesada por un profundo humanismo, un genuino patriotismo, un arraigo a lo nacional y un visionario encuadre latinoamericanista.
Hasta hoy, Perón, sigue suscitando adhesiones sinceras y también rechazos y controversias.
Lo que está más allá de cualquier discusión fue su decisiva centralidad política y el incomparable amor que supo ganarse de parte de los más humildes, de todo un pueblo.
Mucho se ha escrito sobre su innegable capacidad de liderazgo, sobre su visión estratégica y revolucionaria de los problemas argentinos y de las soluciones de fondo que aportó como acción o como legado; páginas y más páginas se han leído sobre su carisma, su don de gentes y su impactante capacidad oratoria.
Sin embargo, aún hoy, sigue existiendo poca luz sobre algunos facetas de la personalidad avasallante de Perón, facetas que tal vez fueron opacadas por su rol político descollante pero que, bien miradas, son claves para entender, precisamente, ese rol en el devenir histórico de un hombre, su raíz y la forja de un destino que fue, a la vez, la raíz y la forja de un destino para millones de seres humanos.
El Perón “montañés” –como el mismo se calificaba- es, tal vez, la más olvidada de esas facetas poco conocidas de la vida y el pensamiento de Juan Perón.
La relación que Perón forjó con la montaña es una relación matricial, nutriente, vital y verdaderamente reveladora de los detonantes que explican o pueden intentar explicar la magnitud de las tareas emprendidas por Perón en su vida pública, los motivos que explican o pueden intentar explicar su voluntad, su tenacidad -puesta a prueba dramáticamente a partir de su sangriento derrocamiento en 1955-, y pueden terminar de descubrir el lado más decididamente humano, el lado más descarnado, el más despojado de cualquier contaminación interesada, de alguien que tuvo el valor de enfrentarse a todos los poderes en aras de lograr concretar un objetivo supremo, una cima: la causa más justa de todas, la causa de los pueblos.

* * *

¿Porqué el Perón montañés no es un hecho arraigado en el imaginario que rodea a un líder excepcional?

Es una cuestión paradojal. Tal y como se anota en el epígrafe de este texto, cuando Perón le afirma a los franceses que encararon el Fitz Roy (valga decirlo: con su apoyo total para la aproximación a esa montaña emblemática), que la combinación entre el ser “montañés” y el ser “presidente” sólo se entiende fusionando ambas condiciones ya que “una explica la otra”, fiel a su estilo de patear el tablero, Perón está diciendo una verdad inédita e irrepetible en los anales de la historia y la mentalidad argentina.
La reivindicación de lo “montañés” rompe el paradigma y la imagen de un país que se había organizado de manera cruel y parasitaria en torno a la llanura y el puerto de salida de esa llanura, una de las más fértiles del mundo, negando al resto de sus realidades geo-históricas, esas realidades que constituían, a la vez, núcleos de origen y de irradiación de lo que con el tiempo se empezó a asumir como “lo argentino”.
Nos referimos a lo “andino” y a lo “patagónico”. La forja del Perón político está allí. Está anclada a una vida familiar y una vida militar que tuvo en la Patagonia primero y en el corazón de la Cordillera de los Andes después, sus centros de gravitación. La auto conciencia de Perón sobre este hecho es definitoria.

Sobre el influjo patagónico en su vida, Perón mismo lo explicó así:

“(…) creo que toda la familia recibió de la Patagonia una lección de carácter. Yo doy gracias a Dios por eso: he comprendido que esos cinco años en los que se formó mi subconsciente ejercieron una influencia favorable sobre el resto de mi vida”.[3]

Pero no fue sólo el medio geográfico el que influyó en el pequeño Perón. El contacto con los trabajadores rurales de un área remota de la Patagonia de los primeros años del siglo XX también fue decisivo. Cuenta Perón que en una estancia llamada Chankaike, donde vivía con su familia,

“el capataz era un escocés marinero y la mayoría de los peones tenía origen chileno. Pero eran gente también de primera, porque de uno y otro lado de la cordillera, los hombres son los mismos. Cuando era chico –recuerda un hombre memorioso que ya frisaba los 75 años de edad- mi ambición era ser como ellos: hombres extraordinarios en lucha continua con la naturaleza”.[4]

Esa naturaleza era despiadada pero nunca un obstáculo para el Perón niño:

“En invierno el termómetro llegaba a los veintiocho grados bajo cero: la lucha con la naturaleza era el pan nuestro de cada día, pero a esa edad todas las aventuras nos parecían pocas. Así crecimos, en libertad absoluta…”.

Como diría el propio Perón: quien quiera oír, que oiga.

* * *

Verdad y consecuencia: hete aquí, digo, los hilos invisibles con los cuales se teje, con paciencia y con ardor, la historia.
No es posible explicar el ímpetu libertario de un Mariano Moreno sin su paso por la Universidad de Charcas y su conocimiento directo de la salvaje explotación de los indígenas en las minas de Potosí.
No es posible entender la audacia táctica y la clarividencia estratégica de un San Martín sin comprender que -tras su fragua militar en la España invadida por las tropas napoleónicas-, durante su jefatura del Ejército del Norte –tras las derrotas aplastantes que sufrió ese mismo ejército, conducido por Belgrano, en Vilcapujio y Ayohuma, en el corazón altoperuano-, el decide organizar y ejecutar su hazaña militar más memorable de todas: el cruce de la Cordillera de los Andes para invadir el Chile español.
En esa lógica desencadenante, tampoco es posible entenderlo a Perón, entender a ese Perón revolucionario, ese Perón constructor de esa patria con la cual soñó el mismísimo San Martín, sin su experiencia vital forjada en las soledades patagónicas y en la relación entrañable que anudó con esa misma Cordillera de los Andes.
Con referencia a ésta última y a la inspiración siempre presente de un San Martín, genio militar y liberador de pueblos, el propio Perón anotó:

“…he estudiado profundamente la vida ejemplar del General San Martín y así fue que en los Andes mi primera preocupación fue recorrer día a día y jornada por jornada, su memorable campaña del paso por esa cordillera, no igualada en los fastos de la historia del mundo. En cada lugar donde él pernoctó estuve, y recorrí sus campos de batalla y reconstruí “in mente” momento a momento cada una de las acciones en que él intervino”. [5]

Este abordaje a la gesta militar sanmartiniana se enhebró con el afán de Perón en torno al estudio sistemático de la historia y el pensamiento de San Martín. En realidad, podemos decir que San Martín fue la gran pasión histórica de Perón, completada a su vez con la gesta similar que encabezó Simón Bolívar desde el norte de Sudamérica: la visión histórica de Perón era integral, era totalizadora, era estratégica. Era continental. [6]
En esa toma de conciencia de una historia común de lucha contra el colonialismo español por la independencia política, Perón, a su vez visualizó correctamente el rol de la Cordillera de los Andes, tanto como el eje geográfico articulador del espacio sudamericano y, a su vez, como el espinazo a quebrar en la lucha por la liberación del suelo americano. La hazaña sanmartiniana y bolivariana fue, precisamente, esa: sorprender a los españoles con una guerra de movimientos que, hoy por hoy, resultaría impensable.
Los Libertadores, a diferencia de otros estrategas militares, comprendieron que la guerra en un continente signado por la presencia de la cordillera más larga y abrupta del planeta, una cadena inverosímil de nevados de más seis mil metros de altura, se resolvería rompiendo sus eslabones más débiles y, en un movimiento envolvente de pinzas que se terminaron de articular en Guayaquil, en ese mítico encuentro entre los dos ases de la lid continental, daría fin en las alturas de esa misma cordillera, donde el poder español se atrincheró para resistir.
Daría fin en Ayacucho, donde un ejército continental, multinacional y pluricultural, terminaría de enterrar a un poder despótico y decadente que había colonizado América por más de trescientos años.
La fascinación de Perón con la guerra en las montañas, siguiendo sus trabajos de investigación de San Martín y su diseño de la guerra continental, se explica, en la perspectiva histórica, por el apego riguroso de Perón a las enseñanzas de esa misma historia –lo que fue bueno, puede ser bueno dos veces- y, en lo personal, por esa identificación sensible que Perón sintió desde niño con ese medio geográfico que ahuyenta a los débiles de convicción, que despoja al ser humano de todos sus atributos y los pone a prueba, que se constituye en la forja o la tumba de todas las ilusiones: la montaña.

* * *

La montaña no es sólo la presencia de la montaña –esa presencia sublime y siempre inspiradora-, la montaña es también la experiencia de la montaña, la experiencia física de los rigores montañeses, ese enfrentar a conciencia a la hostilidad, ese enfrentamiento que con corazón abierto a la sensibilidad, se vuelve escuela de humanidad. La esencia del montañismo es esa. No el espíritu competitivo –esa mezquindad que domina al planeta- trasladado a la montaña.
La montaña y la experiencia de la montaña –como el desierto o la experiencia del desierto- son una cantera inagotable para la búsqueda de fortaleza espiritual, de un blindaje ético de la personalidad, del hallazgo de un andamiaje terapéutico, psíquico y poético para encarar la vida y descubrir nuevos ámbitos de la realidad donde proyectarla.
Es así porque la montaña es un eficaz entorno de revelaciones: uno puede o debería imaginarse la genética y la psicología de un San Martín (o a Bolívar con sus llaneros de pies descalzos cruzando el paso de Pisba) puesta a prueba, afiebrándose (muchos soldados morían en el intento, la travesía acarreaba dolor, se volvía calvario por momentos), desbordándose de misticismo frente a esa estética extrema y siempre arrebatadora, inundándose de fervor por el porvenir, por los planes de liberación continental, por esa esperanza general, masiva, compartida pero que ellos veían reflejada en el brillo de las nieves de las eternas montañas.
Desde allí, desde ese temblor constitutivo de las patrias, desde esas hazañas inigualadas e inigualables porque el paso del tiempo –la tecnología y su ausencia de gracia- las petrificó en la gloria, no es difícil o es menos arduo –por más próximo- sentir a ese Perón siguiendo los pasos del Libertador en las cordilleras, sentir ese impulso de peregrino de reencontrarse en el santuario imponente de la naturaleza y de la historia con la memoria viva y el genio creador de ese San Martín, guerrero inmortal, audaz entre los audaces, e incitarse y prometerse y jurarse no ceder, no cejar, no rendirse hasta ver realizado el sueño sanmartiniano.
Digo que el “Perón montañés” es la fragua de todos los demás Perón, de todos los Perones, si se me permite ese plural, ese abigarramiento.
Digo que ese Perón de la llanura -nacido en Lobos, histórica avanzada “argentina” en la pampa, pampa: la palabra quechua que aún hoy sigue nombrando a una provincia argentina y sigue nombrando también a toda la llanura. Nótese el influjo andino, aunque no lo asumamos. Y con el recuerdo siempre presente de su “primer amigo”, el Chino Magallanes, el paisano domador de caballos de su pueblo natal-, no hubiera sido Perón, no hubiera sido el Perón que conoció la historia, sin el acoplaje corporal, mental y existencial que le brindó la montaña.
Perón termina de descubrirse y habitarse como Perón con las revelaciones que la montaña le procura.
Como militar, al influjo protector y la inspiración de San Martín y las experiencias vividas en Europa al calor del inicio de la Segunda Guerra Mundial –y recordando seguramente como “el general invierno” terminó de vencer a Napoleón en Rusia-, Perón escribe. Escribe sobre la guerra en las montañas.[7]
Como ser humano, como persona, Perón se prueba a sí mismo, se vuelve a probar en los Andes. Ya no como el niño que, como todo niño, deseaba aventuras. Si como ese hombre, “casi viejo” en sus propias palabras, que buscaba esa bisagra entre su ser/nacer argentino de la pampa –el argentino, dramáticamente, a secas- y ese ren(h)acer/se argentino “andino” –como propuso especializar a las tropas y los comandos militares de montaña- que empezó a sentir, desde su humus infantil patagónico, como el combustible vital que necesitaba para seguir adelante, para seguir concibiendo su proyecto nacional, para seguir soñando, fortaleciendo y luego plasmar esa realidad efectiva que, como dice la marcha que se inspiró en su hacer, “le debemos a Perón”.

Ese Perón, insisto, no hubiera sido nunca real, nunca hubiera sido posible, sin la experiencia andina de ese mismo Perón.

Como a San Martín, guaraní de Yapeyú, el destino “que se elige”, como diría el también inmortal e invencible Sixto Palavecino, lo condujo a ese lugar del orbe que construyó el primer estado benefactor de la historia: el Tawantinsuyu de los Incas.
Y las huellas y los rastros de ese San Martín, lo inspiraron en el arte militar pero hay algo más, algo decididamente personal, algo comprometidamente humano: Perón en los Andes, decíamos, se prueba. Y se puso prueba de verdad.
No encuentro la cita, tampoco importa. La anoto así: en Mendoza, la misma Mendoza de San Martín, como director del Centro de Instrucción de Montaña del ejército argentino, Perón deja una huella imborrable en sus camaradas, en sus subordinados.
Era el primero en levantarse, cada día. Calentaba la comida (“la polenta” –harina de maíz) para todos. Los alimentaba y les daba fuerzas, de las dos. Las fuerzas físicas y las fuerzas morales porque Perón les hablaba, los alentaba, les compartía su sueño. Un tipo maduro, casi cincuentón, se ponía la mochila al hombro y encabezaba las marchas de instrucción.[8] Era uno más y era, a la vez, Perón, ese Perón que se iba labrando en la montaña,[9] junto a la piedra, no junto a esa piedra negra sobre una piedra blanca, tal vez un jueves, en París, donde el poeta[10] quería morirse, sino sobre esa otra piedra sobre la cual un Nazareno, otro peregrino pero de los desiertos, prometió construir un reino bondadoso y sensible, un proyecto que nos humanizó –frente a otro poder despótico y decadente- hace ya más de dos mil años.

Perón y las piedras. Cuentan los franceses en su libro ya citado:

“La fraternidad montañesa es realmente admirable y quizás única. Ella se extiende por encima de todas las fronteras y de todos los convencionalismos. El General. Perón nos presenta esta mañana un ejemplo vívido y nos da una lección admirable.
El hielo del protocolo queda roto enseguida. Le hacemos partícipe de nuestros proyectos, de nuestras esperanzas y también de nuestras preocupaciones y dificultades, sin reserva y con total franqueza.
Él, por su parte, nos habla de los Andes que tanto conoce, de aventuras y correrías en esas grandes montañas que estamos impacientes por ver. Nos muestra una piedra que, artísticamente montada como pisapapeles, decora su escritorio. “Es una piedra recogida en la cumbre del Aconcagua” (…)”.

Puesto a investigar un tema que me intrigaba desde hace décadas –la relación entre Perón y las montañas, sabía lo que se podía saber pero no conocía los detalles, hasta que me puse a indagar-, esta referencia bibliográfica sobre Perón y una piedra de la cumbre del Aconcagua[11] puesta por el mismo en su escritorio de presidente de la República Argentina, no sólo me conmueve, no sólo me resulta entrañable, no sólo la celebro como un hallazgo para la tarea siempre permanente de seguir construyendo la imagen de un Perón inmortal y necesariamente siempre presente en la memoria de los argentinos, sino que el dato me halaga, me estremece y me compromete en mi triple condición compartida con el mismísimo Perón: la de montañistas, la de coleccionistas de piedras y la de amantes de esa Argentina andina que tanta falta les hace a nuestros compatriotas que naufragan en un mar de incertidumbres y de desasosiego por carecer, por no sentir, por no atreverse o por qué no los dejan sentir esa “andinidad” constitutiva y forjadora de lo que es ser argentino, de lo que constituyó y forjó al mejor de los argentinos del siglo XX, al mismísimo Perón.

Esa piedra peronista, de Perón; esa piedra de la cumbre del Aconcagua –la montaña tutelar de las Américas-, esa piedra que Perón, con orgullo, les mostró a los franceses que, con su apoyo, se animaban al Fitz Roy, digo: es el símbolo de esa misma América, esa América irredenta, esa América rebelde en busca de eso mismo: la redención, la felicidad de su pueblo, la auto determinación, la/s patria/s libre/s, justa/s y soberana/s por las cuales se forjó Perón a sí mismo en medio de esas montañas, en comunión con esas piedras.
Digo: ¿dónde andará esa piedra? ¿Dónde andará la piedra que Perón lucía en su escritorio? ¿Dónde andará la piedra de la cumbre del Aconcagua que acompañaba a Perón? Evita ya había partido hacia la inmortalidad. Me lo imagino a Perón, encontrando en la aspereza y el silencio de esa piedra, todas las palabras que hubiese querido seguir escuchando de Evita. Me lo imagino a Perón sufriendo, llorando en secreto, frente a esa piedra. Me lo imagino a Perón sintiendo el calor, el calor de Evita, frente a esa piedra. Me lo imagino a Perón sabiendo que esa piedra era él, era el mismo: era su niñez, era su saber, era su memoria, eran todas las montañas que amó, eran sus recuerdos, era su presente y era el porvenir: era la Patria Grande que quisieron San Martín y Bolívar. Era, simplemente, una piedra. Era, eternamente, una piedra.

* * *

Como amante de la montaña, de esas mismas montañas, como agradecido receptor de todo lo que la montaña brinda, te enseña, te tatúa, sé que a Perón le sucedió lo mismo. De ahí, este escrito.
En ese ambiente envolvente, majestuoso y terrible, en esas soledades donde no hay a donde escaparse si no es adentro de uno mismo o al amparo de la cuerda o la mirada o la voz de aliento de un compañero, Perón, debió culminar de diseñar sus sueños de una patria justa, libre y soberana.
La voluntad de realización también la encontró Perón entre los pliegues de esos antiguos volcanes, ese magma sin freno que alzó los montes, fertilizó llanuras, abrió el cauce de los ríos, dibujó el rostro del planeta.
Vista en profundidad y despojados de cualquier otra intención, la montaña es, en suma, el altar supremo de la voluntad humana.
Es allí donde nos desnudamos frente al destino y desanudamos todos los lazos que nos atan a lo superficial, a lo banal, a lo intrascendente. La montaña es estratégica. La experiencia de la montaña, fundadora.
No puede entenderse a ese Perón colosal, conductor de pueblos y constructor de patria/s, sin su aprendizaje vital en medio de esos colosos de piedra, de esas colosales cordilleras, que son la esencia, son la columna vertebral de nuestra América.
Quedará para los historiadores, seguir desentrañando este ovillo, esta historia, esta historia de Perón dentro del horizonte Perón, siempre fértil, siempre forjador.
De lo que jamás vamos a renegar es de la hipótesis que ha conducido todo este texto.
El Perón que conocimos y admiramos es el espejo y la hechura de ese Perón montañés, un Perón andino/”andinizado”: continuador consciente y decidido de San Martín, doctrinario de los cerros y de la guerra entre las nieves, coleccionista de piedras, amante apasionado y hasta el final –de eso, estoy seguro- de las montañas, benditas montañas, sagradas montañas.

Pablo Cingolani
Río Abajo, Bolivia, junio de 2017.

[1] En el montañismo, la aproximación es la distancia a cubrir antes de la ascensión a una montaña. Así debe tomarse este escrito metafóricamente: como una previa, notas, apuntes, en torno a un tema multifacético. Agradezco muy fraternalmente a Ernesto “El Negro” Salas por la lectura, los comentarios y las críticas a este texto.

[2] Louis Despasse: Al Asalto del Fitz Roy. Editorial Peuser. Buenos Aires, 1953

[3] En Tomás Eloy Martínez: Las Memorias del General. Ed. Planeta, Buenos Aires, 1996.

[4] Sobre esos “hombres extraordinarios” y su impacto, Perón prosigue: “(…) yo los trataba como a tíos. Nunca se los consideró peones en el sentido peyorativo que los argentinos dieron a esa palabra durante tantos años. Hay que reconocer también que se trataba de gente magnífica; en su infinita humildad cabía una grandeza que no me fue fácil encontrar luego en gente más evolucionada. Por eso cuando llegué al gobierno, les dediqué mi primer pensamiento. En 1945, [sic] los peones de campo vivían en un régimen medieval: para arrancarlos de esa ignominia, preparé el Estatuto del Peón apenas ocupé la Secretaria de Trabajo”. El 8 de octubre de 1944 se sancionó el Estatuto del Peón Rural por decreto bajo la presidencia del General Edelmiro Farrell pero promovido directamente por la cartera de Trabajo y Previsión a cargo de Perón. El mismo fue ratificado como ley en 1947 ya con Perón como presidente democrático.

[5] Este peregrinaje en homenaje a San Martín lo realizó junto con el suboficial Manuel Muñoz. La cita está tomada de Colorado del Monte: Tcnl. Juan Perón de los Alpes a los Andes. En: http://www.elmalvinense.com. Toda la data sobre Perón montañista militar puede ser leída allí. El resto de las citas no citadas también corresponden a la misma fuente. Mis sinceras gracias al malvinense.
[6] San Martín estuvo en el centro de la atención puesta por Perón en sus estudios de historia militar. No sólo San Martín sino también Simón Bolívar ya que la mirada de Perón sobre la historia no era excluyentemente nacional, sino continental, como fue la mirada y el accionar de los Libertadores. Perón trabajó en la dirección de una historia común, una historia continental, un proyecto que a retazos va saliendo a la luz, pero que aún no termina de germinar como un paso imprescindible, en la tarea de forjar un destino compartido, la unión latinoamericana, como necesidad del presente y legado de la historia.

Así, el año 1927, con el grado de capitán y como alumno de historia militar, escribió una monografía que tituló Campañas del Alto Perú 1810-1814, en las que San Martín participó en el último tramo y de quien Perón analiza sus ordenes tácticas dejadas para el Ejército del Norte al entregar la comandancia.

En 1932, siendo teniente coronel, Perón presentó una ponencia en el Segundo Congreso Internacional de Historia de América titulada La idea estratégica de San Martín en la Campaña de los Andes.

En 1941, al regresar de su viaje de estudios a Europa enviado por el ejército argentino y donde se especializó en la guerra en las montañas, retomó su monografía de 1927 y la volvió a publicar esta vez con el título más explicativo de Antecedentes de la Campaña Libertadora del General San Martín desde 1814 a 1817.

Los datos están tomados de Manuel Urriza: San Martín y Bolívar vistos por Perón, 2007. Consultado en internet.

[7] Entre los años 1942 y 1943 se publican en la Revista Militar dos monografías de autoría del coronel. Juan Perón, Tropas de Montaña y Comandos de Montaña. Asimismo, en el Boletín de Instrucción Andina del ejército argentino escribe Normas para la vida y el movimiento de las unidades en la montaña invernal y Directivas complementarias para la Instrucción de Tropas de Montaña. Agradezco a Ana Valentina Vlasich Regazzoli de la Subdirección de Estudios y Archivos Especiales de la Biblioteca del Congreso de la Nación Argentina, el envío de una copia del texto Tropas Alpinas. La doctrina italiana de guerra y el empleo de grandes unidades montañas, publicado por Juan D. Perón en el Memorial del Ejército de Chile de julio-agosto de 1943 e incluido en el volumen sexto de las Obras Completas de Juan Perón, editadas la referida institución, el llamado “Archivo Perón”. El texto es muy ilustrativo del interés decisivo depositado por Perón en la guerra en las montañas. “Hay en este texto cierto parentesco, un aire familiar, con las Campañas del Alto Perú”, dice una nota al pie de página firmada bajo las iniciales F.C.

[8] Cito una fuente. “Con el grado de coronel, va al frente en una marcha de 30 kilómetros desde Punta de Vacas a Polvaredas, bordeando la margen izquierda del Río Mendoza, con su mochila, demostrando su extraordinario estado físico en condiciones climáticas adversas y sus cualidades de esquiador”.

[9] Copio otra fuente: “En junio de 1943, el coronel Perón es designado como Jefe de Estado Mayor de la 1ra. División de Ejército y desde entonces será el protagonista político principal de la Argentina por tres décadas. Ya pasados los años de Mendoza junto a su ayudante el mayor Bríscoli evocaba: “Ya hace cuatro años que abandoné Mendoza. Lo hice llevando por todo bagaje mi fe y mi patriotismo para luchar por el bien de todos los argentinos. A veces considero que allí, en mi Mendoza, dejé la mitad de mi corazón…”.

[10] César Vallejo.

[11] Escribí un poema titulado Juan Domingo (Un lunes, una mañana), a propósito de que el 17 de octubre de 1945, la pueblada que cambió la historia de la Argentina exigiendo la libertad de Perón, empezó a ser un lunes, una mañana. Es un diálogo íntimo con un Perón presente a pesar de su ausencia física, es también un diálogo del propio Perón con la muerte. En un momento, dice: “Morir y llevarte contigo la sombra/ el silencio/ la estrella vagabunda/ la cumbre del Aconcagua/que terminarán siendo tuyas/ definitivamente tuyas y de nadie más/ un lunes, una mañana”. Está fechado en La Paz, octubre de 1997.Hay muchas más alusiones al Aconcagua dentro del poema.

Por Pablo Cingolani.

Segundo encuentro de Poesía y Género

poesia_y_genero.jpgLuego de realizado el primer encuentro de poesía y género en el ECUNHI, la organización poetas peronistas retomó la iniciativa este año en el Centro Cultural de la Cooperación. Poesía y género fueron las temáticas que se trataron en el auditorio Raúl González Tuñón y que contó con la presencia de poetas, músicas y editoras.

Por Boris Katunaric

El segundo encuentro de Poesía y género que se llevó a cabo en el Centro Cultural de la Cooperación, Floreal Gorini, contpo con amplios debates en lo que tiene que ver a la literatura y el género, no tanto desde una perspectiva académica, sino desde la labor que realizan las mujeres y hombres de la cultura respecto a la temática de género, además de lecturas de poesía y distintos autoras de folklore que interpretaron canciones, entre ellas, homenajes a Eva Perón.

Natasha Deliguannis, organizadora del encuentro habló sobre la iniciativa: “El primer encuentro sentimos que mucha gente necesitaba un lugar de debate sobre literatura y género, arte y género porque es algo que está oculto, sobre todo en los medios masivos. Quisimos plantear un espacio disidente donde se pudiera debatir, leer, escuchar, opiniones distintas con respecto al género”, y agregó que “las editoriales independientes trabajan autores con identidades trans, homosexuales, lo vemos como un avance. Esto no se ve mucho, o prácticamente nada en las grandes editoriales, aunque se ve con un dejo efectista o de corrección política. Las editoriales independientes cumplen ese rol de no necesitar ser políticamente correctos e ir con lo que ideológicamente creen que se tiene que publicar”.

Marilina Winik, directora de la Editorial Hekht dijo en su exposición que “en el último libro que sacamos, En casa, odisea en el espacio doméstico, lo que plante es que cómo puede ser que el feminismo durante tantos años trabajó y pensó la idea del espacio público y qué pasa en nuestras casa, cómo eso se replica hacia adentro. La editorial es eso, algunos se expresan a través de la poesía o las canciones, nosotros lo hacemos desde nuestro catálogo”.

Entre las lecturas que se realizaron se destacó por emotividad la traducción que hizo Flor Codagnone de un texto de June Jordan, Poema sobre mis derechos, quien además anunció que está preparando una antología de la autora estadounidense. Por ser, además de impactante, representativo del encuentro y de la literatura de género en sentido amplio reproducimos el poema.

 

Poema sobre mis derechos, de June Jordan

Aún de noche y necesito salir a caminar y despejar

mi cabeza de este poema sobre por qué no puedo

salir sin cambiar mi ropa mis zapatos

mi postura corporal mi identidad de género mi edad

mi condición de mujer sola al atardecer/

sola en las calles/sola aunque ese no es el caso/

el caso es que no puedo hacer lo que quiero

hacer con mi propio cuerpo porque soy del sexo

equivocado la edad equivocada la piel equivocada y

suponé que no era aquí en la ciudad sino en la playa/

o en lo profundo del bosque y quisiera ir

allá sola pensando en Dios / o pensando

en los niños o pensando en el mundo/ todo eso

revelado por las estrellas y el silencio:

no podría ir y no podría pensar y no

podría

quedarme ahí

sola

como necesito

sola porque no puedo hacer lo que quiero con mi propio

cuerpo y

quién mierda dispuso las cosas

de este modo

y en Francia dicen que si el tipo penetra

pero no eyacula entonces no me violó

y si después de apuñalarlo si después de los gritos si

después de rogarle al hijo de puta y si incluso después de

partirle

un martillo en la cabeza si incluso después de eso él

y sus amigotes me cogen después de eso

entonces yo lo consentí y no hubo

violación porque finalmente entendés finalmente

que me cogieron porque yo estaba equivocada

estaba equivocada otra vez por ser yo siendo yo

en el lugar en que estaba/ equivocada

por ser quien soy

que es exactamente como Sudáfrica

penetrando en Namibia penetrando en

Angola y acaso eso significa que quiero decir cómo sabés si

Pretoria eyacula cómo lucirá la evidencia

la

prueba de la eyaculación de la bota militar del monstruo sobre Tierranegra

y si

después de Namibia y si después de Angola y si después de Zimbabue

y si después de que todos mis parientes y mujeres resistan incluso

la auto-inmolación de las aldeas y si después de eso

no obstante perdemos qué dirán entonces los chicos grandes reclamarán ellos

mi consentimiento:

¿Me seguís? Somos el pueblo equivocado de

la piel equivocada en el continente equivocado y sobre qué

carajo están todos siendo razonables

y según el Times esa semana

allá por 1966 la C.I.A. decidió que tenían este problema

y el problema era un hombre llamado Nkrumah así que

lo mataron y antes de eso fue Patrice Lumumba

y antes de eso fue mi padre en el campus

de mi facultad en Ivy League y mi padre con miedo

de entrar en la cafetería porque decía que él

estaba equivocado tenía la edad equivocada la piel equivocada

la identidad de género equivocada y pagaba mi matrícula y antes de eso

era mi padre diciendo que yo me equivocaba diciendo que

debería haber sido un niño porque él quería uno/ un

niño y que debería haber tenido la piel más clara y

que debería haber tenido el pelo más liso y que

no deberían volverme tan loca los chicos sino haber sido

uno /un niño y antes de eso

era mi madre implorando por cirugía plástica para

mi nariz y aparatos para mis dientes y diciéndome

que soltara los libros que los soltara en otras

palabras

estoy muy familiarizada con los problemas de la C.I.A.

y los problemas de Sudáfrica y los problemas

de la Corporación Exxon y con los problemas

de la América blanca en general y los problemas de los profesores

y los predicadores y los del F.B.I. y los trabajadores

sociales y con los de mis propios Mamá y Papá/estoy muy

familiarizada con los problemas porque los problemas

resultan ser

yo

yo soy la historia de la violación

yo soy la historia del rechazo a quien soy

yo soy la historia del terrorífico encarcelamiento de

mí misma

yo soy la historia de ataques violentos e ilimitados

ejércitos contra todo lo que quiero hacer con mi mente

y mi cuerpo y mi alma y

sea que se trate de salir a caminar a la noche

o que se trate del amor que siento o

si es sobre de lo sagrado de mi vagina o

sobre lo sagrado de mis fronteras nacionales

o sobre lo sagrado de mis líderes o lo sagrado

de todos y cada uno de los deseos

que conozco de mi personal e idiosincrático

e indiscutiblemente soltero y singular corazón

he sido violada

porque me he equivocado, el sexo equivocado la edad equivocada

la piel equivocada la nariz equivocada el pelo equivocado la

necesidad equivocada el sueño equivocado la geografía equivocada

el vestido equivocado yo

yo he sido el significado de la violación

yo he sido el problema que todos buscan

eliminar mediante la penetración

forzada con o sin la evidencia de fluidos y/

pero dejemos que esto sea inequívoco este poema

no consiente yo no consiento

a mi madre a mi padre a mis maestros al

F.B.I. a Sudáfrica a Bedford-Stuy

a Park Avenue a American Airlines a los vagos

con erecciones en las esquinas a los astutos lameculos

en autos

no estoy equivocada: Equivocada no es mi nombre

Mi nombre es mío mío mío

y no puedo decirte quién mierda dispuso las cosas de este modo

pero puedo decirte que desde ahora mi resistencia

mi simple y cotidiana y nocturna auto-determinación

puede muy bien costarte la vida